viernes 12 de agosto de 2011

Descarrile en Puente de Los Fierros

Si estuviéramos en una de las partidas de mi pandilla, el amigo Pollo (a la sazón, Fernando) estaría a punto de soltar su ya famosa frase, preludio del desastre: "descarrile en Puente de los Fierros"; a partir de ahí, el jugador tocado ha perdido la mano y puede que la partida.
Hoy, la CNMV prohíbe las posiciones a corto contra las entidades financieras (como en otros Estados). Ayer, el mundo seguía anonadado ante los graves disturbios que han asolado Londres y Gran Bretaña. No sé porqué, pero he sentido una punzada, un dejá vu, un cierto paralelismo entre ambas situaciones. ¿Qué diferencia hay entre esa masa violenta Londinenese y ese puñado de "controladores" (¿hedge found?) del mercado que este agosto se dedican a hacer el ídem?.
Para empezar, la desesperación, me dirán algunos. Sin justificar en modo alguno la violencia, en modo alguno repito, las decisiones de "los mercados" se toman en un entorno muy diferente y tienen muy distinta naturaleza. Comparto en parte los razonamientos de quienes vislumbran, de alguna manera, el fracaso en la educación de nuestros jóvenes como causa concurrente en las protestas, en los graves altercados, robos, destrucción y rapiña. Pero, ¿y esos mercados, esos magnates del dinero que están haciendo el agosto?; ¿no resultan más violentos y duraderos en sus consecuencias que las vandálicas situaciones acontecidas en Gran Bretaña?.
Un amigo, muy buen amigo, presagiaba hace unos meses la desaparición del estado del bienestar como consecuencia de la decisión de los cuatro, cinco o veinte (no creía que más ) que controlan el dinero, "los mercados", el poder financiero y/o económico; apuntaba que la primera etapa, la caída de los países del Este y su conversión al sistema capitalista, ya se había producido. La segunda, la absoluta desacreditación de la socialdemocracia, estaba en su última fase; y que, a modo de conquista final, la desaparición del estado del bienestar tenía sus días contados: ¿que Vd. no tiene pensión?; a mí (Estado) que me cuenta, hubiera trabajado y ahorrado. ¿Que su hijo no puede estudiar, a pesar de su talento?; oiga, que se ponga a trabajar. ¿Que se pone enfermo?; pues trabaje quince, veinte horas para pagar el tratamiento, o muérase, ése no es mi problema...
Si ese sombrío panorama me encogió el alma, no menos lo ha hecho la deriva que se está produciendo en el entorno mundial (mundial, internacional, global: no trate nadie de confundirnos, no hay causa local para este desastre, aunque a algunos le convenga y reciten esa retahíla por puro afán electoralista). Y si a ese ambiente le añadimos la rabiosa mezcla de fanatismo ultra con el que los Noruegos se despertaron de su idilio con la tolerancia, lo dicho, descarrile en Puente de los Fierros.

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